Jesús

            Jesús murió

 

Jesús murió por los pecados

de alguien

            pero no

por los míos

 

Suena la voz

como oración suprema

 

mientras los caballos en el campo

corren mansos

 

Los caballos se trizan como espejos

en la pampa

pero no suenan como horses

 

Horse

es más caballo

es potro al viento

de aliento largo

 

 

 

Todes nos haremos traficantes de armas.

Todes terminaremos nuestros días

con una pierna menos, con la fiebre alta

del fastidio, del desamor.

 

Alguna vez creí en la poesía.

Era pura ilusión como cuando Cristo fue tentado:

“todo eso podrás tener, todo lo que desees”.

 

L’artista en la arista escarpada, puño cerrado, arenga:

“El pueblo tiene el poder”. El poder de cambiar cosas.

Yo creí en eso. Creo en eso. Yo era ese creer.

 

Ahora no veo nada en claro salvo el total vacío.

 

¿Miento? Digo la verdad.

¿Verdad? Miento.

 

Mato ese lado iluso. Intento el crimen perfecto

y no me sale. He estado mucho tiempo aquí,

y ahora no quiero morir. Alguna vez quise.

Dos veces en particular lo quise.

 

Yo soy eso otro que se te escapa, cada fucking día.

Yo soy lo que te apela y contradice. Yo soy lo otro,

lo inabarcable. Lo indecible.

Soy en mi lo que soy en vos

que sos eso que no podés ni siquiera nombrar.

 

También soy la mentira, el fuego, el deseo,

los elementos esparcidos por todos lados.

 

 

 

 

 

a Aldo Oliva

 

 

A veces vuelven las voces y los caballos.

Las voces perdidas en la belleza de cierto futuro.

Los caballos y las voces van rápido.

La película se agiganta y te aspira

en el maelström.

 

«Lo peligroso en la poesía es

el futuro y la belleza que encierra».

 

La cuerva gótica marca el ritmo, es

grito

            sollozo

jadeo.

 

Ver a los amigos muertos.

Ver a las muertas avanzando

en estampida ver los fantasmas.

 

Explota la boca, los dientes vuelan

y muerden el espectáculo zombi.

 

No dejamos que mueran en paz

porque creemos que solo se fueron

a todas aquellas fiestas del mañana.

 

 

 

 

Los árboles en invierno

mueren como peces fuera del agua.

La alondra ya no canta,

cantan otras aves, cantan quienes se quedan

a resguardo de la lluvia.

 

El viento arremolina diarios

en el callejón donde los gorriones

se refugian al mediodía.

 

Puedo encontrar basura. Puedo encontrar

a quienes rebuscan en la basura.

Pueden encontrar aquello que se recicla

que no es esta tristeza.

 

Hay gente que muere al frío

como aves que perdieron el rumbo.

Yo las cubro con palabras,

el único bien que tengo.

 

 

 

Gabby De Cicco (1965) nació un 7 de abril como Gabriela Mistral, Billie Holiday y Victoria Ocampo. Amante de la literatura, la música, y la fotografía, su curiosidad y deseo le llevaron a transitar el camino de la poesía, el ensayo, el periodismo, la traducción, la fotografía, y los blogs. Como lesbiana feminista, su motto es Lo personal/poético es político. Ha publicado cinco libros de poemas: "Bebo de mis manos el delirio" (Spectrum, 1987), "Jazz me blues" (Editorial Municipal de Rosario, 1989), "La duración" (Nusud, 1994),  "Diario de estos días" (Ediciones del Dock, 1998) y “Queerland” (Hipólita Ediciones, 2011) y en pocos días más aparecerá “La tierra de los mil caballos” (Baltasara editora). Algunos de sus artículos han aparecido en "Feminaria", "Debate Feminista", Rosario/12, suplemento Las12, suplemento "Soy", “enLACes de AWID”, y en otros medios nacionales y del exterior. Coordina talleres de escritura y lectura. En 1985 creó "Spectrum Ediciones" y dirigió la revista literaria "Rayuela" (1985-1989). En 2000 co-fundó RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina, y en 2005 co-creó "Hipólita Ediciones". Su blogonovela lésbica, “La lesbiana argentina” puede leerse aún en línea. Está trabajando sobre una selección de sus diarios personales para publicarse en un futuro cercano.